jueves, agosto 17, 2006

TARDE... (Ricardo Arjona - Sin daños a terceros)


Justamente ahora irrumpes en mi vida
con tu cuerpo exacto y ojos de asesina
tarde como siempre
nos llega la fortuna

Tú ibas con él
yo iba con ella
jugando a ser felices
por desesperados
por no aguardar los sueños
por miedo a quedar solos

Pero llegamos tarde
te vi y me viste
nos reconocimos en seguida
pero tarde maldita sea la hora
que encontré lo que soñé
tarde...

Tanto soñarte y extrañarte sin tenerte
tanto inventarte
tanto buscarte por las calles como un loco
sin encontrarte

Ahí va uno de tonto
por desesperado
confundiendo amor con compañía
y ese miedo idiota de verte viejo y sin pareja
te hace escoger con la cabeza
lo que es del corazón
y no tengo nada contra ellos

Ganas de huir
de no verte ni la sombra
de pensar que esto fue un sueño o una pesadilla
que nunca apareciste
que nunca has existido

Que ganas de besarte
de coincidir contigo
de acercarme un poco y amarrarte en un abrazo
de mirarte a los ojos
y decirte bienvenida

Que ganas de rozarte
que ganas de tocarte
de acercarme a ti golpearte con un beso
de fugarnos para siempre
sin daños a terceros

jueves, agosto 10, 2006

Te he vuelto a ver!!!


Ya han pasado algunas semanas sin verte, y quizás mi rabia no me ha dejado pensar en ti como siempre lo he hecho. Tomo el teléfono y marco los números, corto.... vuelvo a marcar y vuelvo a cortar, al parecer mi orgullo esta siendo mas fuerte, es que fue demasiado profunda la herida. Según mi corazón, te extraño y te necesito a mi lado, según mi cabeza debes desaparecer de mi vida, mientras te siga recordando sin que yo este en perfecta armonía no podré hacer las cosas bien. No esperaba verte, no pensaba ni siquiera en lo mas recóndito de mi cabeza que te vería, no creí admirar tu rostro como ya hace bastante tiempo lo hacía. Te vi venir, solo sentí tu voz al principio, no imaginas como comenzó mi corazón a latir, de verdad era extraordinario, con solo escuchar tu voz y saber que estabas ahí, me vino una taquicardia emocional., mayor aún cuando tu aroma me decía que te estabas acercando, pero sobre todo casi desfallezco al sentir rozar tu labios en mi rostro, cuando, como si nada pasara, me saludabas. Cuanto tiempo había pasado, ya había olvidado lo que era sentirte cerca.

miércoles, agosto 09, 2006

Dijiste que habías muerto de amor una vez!!!


Dijiste que habías muerto de amor una vez
- me mira con tono inquisidor.

Fue hace tiempo – respondo mientras la camarera rellena mi vaso.

Nos atrapó la tormenta a la salida del teatro y, al ver el mesón abierto, corrimos a refugiarnos en sus entrañas. Es tarde, apenas una señora envuelta en un chal bebe en un rincón. Nos sentamos lejos para no perturbar su soledad. Para mitigar el frío, pedimos a la camarera vino tinto, que bebemos a sorbos lentos… Cada vez que el vaso se vacía, regresa ella, solita, a llenarlo. De vez en cuando, miramos hacia fuera, a pesar de que el sonido de la lluvia nos dice que aún debemos permanecer ahí, esperando el regreso de la calma. Miro sus ojos, sabiendo que volvería a morir si me alejara de ella. La camarera nos trae panes dorados, que comemos mojándolos en aceite.

No le voy a contar de mi primera muerte, aunque sé que quiere escucharla. El amor no muere, sólo cambia su semblante; pero dentro de nosotros algo se marcha con el que se va. No hablo de amores pasajeros, sino de ese momento en que sabemos que hemos encontrado a la persona perfecta y que nuestra vida no será la misma sin ella, la otra mitad de que hablan los textos sagrados, que nos acompañará por siempre o compartirá un tramo de nuestro camino.
En aquel entonces no conocía que el amor podía tener varios rostros, para mí sólo era aquel, mi alma gemela, que había tenido la fortuna de encontrar. No sabía que a veces hay que dejarlo ir. Necesité morir para comprender lo que desde un principio debí haber adivinado: alguien, tal vez un ángel, ata y desata los destinos, más allá de nuestra voluntad. No debemos apegarnos a lo que no nos pertenece. Cuando encontré a esta mujer que tengo frente a mí no la reconocí, no sabía que la que buscamos podía cambiar de faz. Luego comprendí que para ser mitad no siempre hay que ser dos, aunque en esto no funcione la lógica ni la matemática. Ahora la tengo frente a mí, compartimos la lluvia, el frío, el vino y el pan. Comunión perfecta. Sé que la amo, sé que me va a amar, como me ama una parte de mí que anda vagando por estos mundos. La lluvia a cesado, pero no por mucho, es hora de marcharnos, pido la cuenta con una señal. La bebedora solitaria se ha incorporado y arrima su silla a la mesa.
- ¿No vas a hablar de nada? – me dice ella sonriendo. - Sí, de la amabilidad excesiva de la camarera, de su obsesión porque el vaso nunca esté vacío, de la serenidad de su rostro... - ¿La camarera, dices? – responde sorprendida - ¿Estás bromeando o has tomado demasiado vino? Quien nos ha servido todo el tiempo ha sido un mesero, un hombre de más de sesenta años. Es cierto que se adivina serenidad y sabiduría en sus ojos, pero también sufrimiento. -La miro sin entender, ¿por qué juega conmigo de ese modo? La mujer que bebía en la esquina se nos acerca.- Disculpen que haya escuchado esta última parte de su conversación. Quisiera saber si es un juego; porque el camarero, si bien es hombre, es muy joven. No sé si sonríe con los ojos, pero los tiene preciosos, me ha regalado más de un guiño esta noche, cada vez que iba a rellenar mi vaso; si no fuera por mi edad y la de él, diría que se me está insinuando… Creo que lo hace porque notó que estaba triste y, aunque no lo crean, logró darme algo de alegría. - La miramos sin saber qué responder. Ella se encoge de hombros y sale. Seguimos sus pasos. Todavía hay agua acumulada en los bordes de la calle. Decidimos esperar unos minutos en la acera. Un joven elegantemente vestido entra al mesón. Nos miramos, sin necesidad de formularnos la pregunta. Sonreímos. La vida tiene sus misterios, el rostro del ángel puede ser una perfecta broma de los dioses. El joven viene saliendo y se dirige a nosotros: - Les vi salir del mesón y pensé que, si estaba abierto a esta hora, no me vendría mal una copa. He entrado, pero está vacío. ¿Podrían decirme a dónde se ha ido el camarero, o la camarera, si en algún momento lo hubo?. - Nos encogemos de hombros. Él se aleja protestando. Seguimos camino, tomados de la mano, a pesar de que la lluvia se ha reiniciado y cae, persistente, sobre nuestras ropas de ocasión especial. La noche nos envuelve. Me parece que ha sido un Ángel!!!